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24 junio 2024
07:58 CET
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Mª Teresa Bravo, gerente de la Clínica Dental Bucoral: “La relación con el paciente se tiene que basar en dos pilares: confianza y seguridad”

María Teresa Bravo, gerente de la Clínica Dental Bucoral
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Casi de casualidad, María Teresa Bravo descubrió su vocación. Lo que era un trabajo de verano se convirtió en el impulso a una profesión que la ha llevado hoy en día a ser su propia jefa, como quería, y estar al frente de dos clínicas dentales, en Antequera y Mollina. Pero es que, además, con Bucoral no sólo ha desarrollado su espíritu emprendedor, sino también su vocación de atención a los más pequeños, siendo un centro especializado en odontopediatría donde se vuelcan para que los menores se sientan muy a gusto. Ella lo tenía muy claro: quería que los menores no tuviera malas experiencias como ella sí tuvo. Y así lo pone en práctica cada día.

Cuando estaba estudiando Odontología, ¿tenía claro que quería emprender?

Había estado trabajando en el sector durante 9 años, que fue donde descubrí esta profesión. Así que cuando terminé los estudios de Odontología tenía claro que quería desarrollar esta profesión de forma autónoma. Yo quería tomar mis propias decisiones y dirigir mi propio proyecto de clínica dental, tal y como yo la tenía concebida.

¿Y cómo fue su primer contacto con el mundo de la Odontología?

Con 16 años entré a trabajar en un clínica para sustituir a una auxiliar durante los meses de verano. Entré para esa sustitución y luego retomar mis estudios, y al final estuve 9 años. Me gustó tanto que pensé que para qué iba a hacer otros estudios si era lo que me gustaba. Y, como higienista dental ya no podía seguir creciendo mucho más, decidí dejar el trabajo y estudiar la carrera de Odontología, y montar mi propia clínica, que se abrió en 2003.

Además de en Antequera, contáis con otra consulta en Mollina, ¿cómo se lleva esa coordinación?

En 2011 empecé a tener la idea de montar otra consulta en otra localidad. Y decidí que fuera Mollina, para que no estuviera demasiado lejos de Antequera, para yo poderla también atenderla yo diariamente. Y en octubre de 2012 fue cuando la abrimos.
Aunque requiere muchísimo esfuerzo para atender a los pacientes de los dos lados, lo llevamos bastante bien. Desde el principio lo planteamos bien y lo tenemos bien organizado para atender por las mañanas y por las tardes.

¿Tiene en mente poder seguir abriendo otras consultas en la comarca de cara al futuro?

Personalmente no. Pero mi hijo, que está trabajando conmigo, que es una persona joven, puede que en un futuro él lo decida. Actualmente, el tiempo que yo le quiero dedicar a los pacientes y con dos consultas, fisicamente más ya me sería imposible. Estoy bastante contenta así.

¿En qué otros aspectos cambió la pandemia el día a día de Bucoral?

Las clínicas dentales siempre han tenido unas medidas de desinfección bastante buenas y la pandemia ha hecho que todas estas medidas tuvieran que ser mucho más extremas; sobretodo las medidas de autoprotección, que han tenido que ser más rigurosas. El resto, ha sido más o menos igual.

Y los pacientes, ¿cómo asumieron los cambios?

Bastante bien. Cuando hablo con ellos tienen la sensación de que en la clínica están muy seguros, porque tenemos medidas de desinfección muy rigurosas. Y se sientes muy cómodos. No hemos tenido una merma de pacientes por ese aspecto del miedo al contagio. Nos han hecho saber que están contentos y satisfechos, y muy seguros cuando van a la clínica.

Consulta de Bucoral sita en la calle Infante don Fernando de Antequera

En junio disteis un salto cualitativo con las nuevas instalaciones de la calle Infante don Fernando de Antequera. ¿Estáis trabajando en algún otro proyecto o nuevas mejoras para el futuro próximo?

Somos una clínica que siempre estamos en mejoras continuas: a nivel de formación, dotación, en los equipamientos… Intentamos seguir innovando, tal y como nos lo exige nuestra profesión y que es algo que tenemos bastante inculcado.

Dice el refrán que “nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena”, cosa que ocurre mucho cuando hay problemas médicos y, más aún, dentales. ¿Por qué le cuesta tanto a la gente ir al dentista de forma preventiva?

Por malas experiencias. Cogen miedo y retardan la visita al dentista. Y también por falta de información. Siempre le digo a los pacientes que la prevención es la mejor forma de curar. No es lo mismo detectar una lesión pequeña, que tiene un coste más bajo y menos tiempo dedicación en la clínica, que cuando es una lesión más grave.
Y también por cultura: Ir al dentista ya no sólo porque me duele algo o se me ha roto un diente, sino para ver qué tal me encuentra y cómo está mi salud dental.

Ahora no que escucha nadie, ¿de joven tenía miedo de ir al dentista?

Pues sí. No viví buenas experiencias. Y creo que mi vocación por la odontopediatría viene de ahí. Cuando hice la carrera me propuse que cuando atendiera a los niños les iba a hacer vivir buenas experiencias en la clínica para que no fueran adultos con miedo.

Es decir, que ser centro especializado en odontopediatría no nació como una necesidad empresarial, sino fruto de esa vocación.

Exactamente.

¿Cómo se convence a una persona para que no tenga ese miedo?

La relación entre el dentista y el paciente se tiene que basar en dos pilares: la confianza y en la seguridad. Hay que ser capaz de transmitírselo. Y siempre digo que es muy importante explicarle al paciente todo el procedimiento de lo que se va a realizar, porque eso ayuda a mitigar sus malas sensaciones. Si lo consigues, tienes a un paciente para toda la vida, y además sin miedo.

María Teresa Bravo (dcha), junto a Carmen Clavijo, atendiendo a una paciente

¿Qué le diría a esas personas que ven muy caros los servicios odontológicos y que prefieren ir a clínicas ‘low cost’?

Lo caro y barato depende del valor que se perciba. Se puede pagar más por un tratamiento, que cubre todas las necesidades que requiero, y parecer que es barato. Y a la inversa. Diariamente vemos a pacientes que llegan desde estas clínicas. Llegan con tratamientos mal hechos, mal terminados o tras cobrarle un dinero por un tratamiento que no le han terminado de hacer. Mi conclusión es que no se preocupan por la salud de sus pacientes, sino de enriquecerse. En la odontología, aunque se haga desde una empresa, no se puede perder de vista el tema sanitario. En cuanto a las reclamaciones judiciales que hay en los juzgados sobre clínicas dentales, ese tipo de clínicas acaparan el 70%. Por lo tanto, los tratamientos no estarán bien hechos.

Siempre se ha hablado de la ampliar la cartera de servicios odontológicos en la sanidad pública. Y de hecho se ha pedido por parte de colegios profesionales. Sin embargo, nunca se da el dado el paso por parte de la Administración. ¿Qué supondría para el sector?

Es una propuesta que no es nueva, pero tampoco muy creíble. Desde el sector lo aplaudiríamos, siempre y cuando se hiciera de un manera coherente, razonada y planificada. Para llevarse a cabo, sería necesario aumentar los recursos materiales y humanos. Se tendrían que multiplicar el número de dentistas e higienistas por 50. Esto supondría un gato de miles de millones de euros. Yo lo veo un poco inviable, porque el gasto público se elevaría demasiado. Pero en el sector lo aplaudiríamos. Muchos profesionales acabarían en el sector público, por la demanda. Y luego, el resto de los profesionales trabajarían con convenios y colaboraciones como hay con otras clínicas de otras especialidades médicas.

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