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de la comarca de Antequera

15 marzo 2026
10:52 CET
María José Bravo, gerente de Bravoliva

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“No veo mucho interés por el mundo rural; el campo es fundamental y parece que no hay mucho relevo”

María José Bravo, gerente de Bravoliva
María José Bravo, gerente de Bravoliva
Etiqueta(s): Aceites de Ardales

Quería ser ingeniera. Y quería seguir en su pueblo. Y en el ámbito agroalimentario encontró la forma de unir los dos mundos. Con un padre dedicado al sector ¿por qué no poner en marcha una almazara en Ardales? ¿Por qué no contar con unas instalaciones que dieran servicio a los agricultores de su localidad natal y del entorno, dejando más riqueza en este municipio de la zona de Guadalteba? Así surgió Bravoliva en 1999, productora del ‘oro líquido’ que se envasa como Aceites de Ardales, una marca que no deja de cosechar -nunca mejor dicho- reconocimientos y abriendo mercados.

¿Cómo nace esa vocación agroindustrial?

Siempre me han gustado las máquinas y el campo. Mi padre era agricultor, y tenía tractores y cosechadoras, y siempre me llamó la atención.

Y con el proyecto de Bravoliva, podía aunar esa vocación y seguir vinculada al mundo rural

Claro. Una cosa que tenía muy clara es que quería vivir en mi localidad. Para mí era muy importante. Buscar trabajo de ingeniera no es lo más común en el mundo rural: no hay tantas oportunidades de trabajo como en una ciudad. Entonces, el autoempleo era una de las opciones más válidas.

¿Cómo fueron los comienzos? ¿Qué primeras dificultades encontraste?

Sobre todo las tramitaciones, los permisos. Eso es lo peor. Administrativamente, hasta que pones en marcha un negocio de este tipo -permisos medioambientales, urbanismo…- es muy complejo.

Al margen de los trámites burocráticos, siendo una mujer en un mundo poco feminizado como la industria agroalimentaria, ¿encontró alguna dificultad al respecto?

Elaboración de los Aceites de Ardales
Elaboración de los Aceites de Ardales

No veo ninguna dificultad específica por ser mujer. En el mundo rural, montar una empresa y echarla adelante ya tiene sus propias dificultades. No veo diferencias ni sesgo de género.

El proyecto lo empecé con mi padre, y estaba ahí también: estábamos los dos. No había ningún tipo de problema de discriminación. Nunca lo he notado. Éramos como un equipo. 

¿Cuándo asume la gerencia al completo?

Cuando mi padre se jubila. Hace 15 años. Él se retiró un poco y estaba más en un segundo plano. Y desde entonces la cabeza visible soy yo.

¿Qué balance hace de este cuarto de siglo de vida de la almazara Bravoliva?

Un balance bueno. Somos una industria que está muy implantada. Tenemos muchos clientes del pueblo y de fuera. Creo que tenemos una marca consolidada y conocida a nivel provincial, y hacemos todo lo que podemos en el exterior. También generamos puestos de trabajo y riqueza en nuestro municipio. Creo que es un balance positivo. Con mucho trabajo, pero indudablemente positivo.

Es la segunda generación del proyecto puesto en marcha en la familia. ¿Ve que haya un relevo generacional necesario para que el sector agroalimentario siga creciendo? 

Lo veo difícil. La gente joven no está muy pegada al campo y me parece una situación complicada. Sin el campo, la ciudad no vive; está claro, pero no veo que haya mucha vocación. 

No es mi caso particularmente. Tengo una hija que está estudiando ingeniería agrónoma, pero en general no veo mucho interés por el mundo rural, ni por todo lo que repercute. Y es una lástima porque es que es totalmente necesario. Y no sé si es la administración o la sociedad la que tenemos que ser capaz de concienciar de que no se puede vivir sólo en las ciudades: el campo es fundamental y parece que no hay mucho relevo.

De las cosechas que había a finales del siglo XX a las actuales, ¿han cambiado mucho?

Sí. Mucho. Han cambiado las fechas en la que empezábamos. Antes era en noviembre y ahora es un mes antes. Las cosechas son mucho más intensas, porque llueve menos. Realmente el campo cambia año tras año. Este año, con un montón de borrascas y de lluvias que prácticamente nos han tenido un mes parado y no habíamos podido terminar: la campaña acabamos la semana pasada. El campo es así: estar pendiente del cielo y de los tiempos que nos marque el clima y la tierra. No podemos hacer otra cosa.

María José Bravo, recibiendo el último premio otorgado por Sabor a Málaga a Aceites de Ardales
Bravo, recibiendo el último premio otorgado por Sabor a Málaga a Aceites de Ardales

Y estando tan pendiente de la meteorología cada año, ¿notan el cambio climático y la afección al sector? 

Por supuesto. La recogida se está adelantando muchísimo. Las temperaturas a las que nos estamos enfrentando ahora son muy elevadas. Siempre se ha considerado a la aceituna como un cultivo de invierno, y las instalaciones estaban preparadas para calefactar. Ahora se están planteando reformas de enfriamiento, porque estamos con una temperatura en octubre y noviembre casi a nivel de verano. Cuando hablamos de veroño es que es totalmente real: en octubre tenemos 30 grados en el exterior, y eso no lo teníamos antes.

Otro factor para adelantar la cosecha es la búsqueda de un aceite de oliva de mayor calidad y que pueda dar una mayor rentabilidad.

Evidentemente. Nosotros somos una pequeña almazara. No tenemos maquinaria muy grande, por lo tanto no podemos competir en cuanto a cantidad con otras almazaras que reducen muchísimo los coches. Nosotros sólo podemos competir en calidad. Entonces, tenemos que buscar un producto más selecto y que al cliente no le importe pagar un poquito más.

Y hablando de calidad, Aceites de Ardales ha vuelto a ser premiado por Sabor a Málaga

Sí. Hemos recibido el premio al mejor aceite en la categoría de Frutado Verde Medio. Estamos muy orgullosos. Se reconoce el trabajo que estamos haciendo todos los años. No es fácil ganarlo, porque en Málaga hay unos aceites fantásticos, que compiten entre los mejores aceites de España.

¿El consumidor entiende que ese aceite de oliva virgen extra tiene que tener un precio adecuado, no sólo para pagar el coste y el beneficio al agricultor, sino también para poner en valor su calidad?

El consumidor valora cada vez más el producto y no le importa pagar un poquito más. De hecho, venimos de dos años de muy poca cosecha, hemos tenido unos precios del aceite de oliva virgen extra que nunca se han conocido en la historia, con una garrafa 5 litros en los 50 euros, y pensábamos que el consumidor no iba a pagarlo. Sin embargo, como no había, han estado dispuestos a pagar el poquito que había.

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¿Eso qué quiere decir? Que no por tener un producto caro necesariamente va a dejar de venderse y que el consumidor está concienciado, y que está dispuesto a pagar lo que tenga que pagar por consumir un buen aceite de oliva virgen extra. Y eso es muy importante para nuestro sector.

¿Los consumidores locales se han concienciado más tarde que los extranjeros?

Sí, claro. Como digo, en estos últimos años, con escasez de producto, han tomado mucho más conciencia.

¿Hasta dónde llega Aceites de Ardales? Hace unos años estuvo en una expedición científica a Groenlandia.

Intentamos movernos todo lo que podemos. En España mandamos a muchísimos sitios. Mandamos por Europa. El año pasado estuvimos en una misión comercial en Colombia. Hemos estado en Polonia. Hacemos todo lo que está en nuestra mano para ir expandiendo y abriendo mercado.

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