Empezó su carrera hace 50 años en una empresa sevillana donde “no tenía ni categoría de auxiliar administrativo” y buscaba empezar una trayectoria laboral, tras acabar sus estudios de Bachillerato. Hoy en día está al frente de una compañía malagueña que factura en torno a 40 millones de euros. Toda una vida profesional ligada al sector agroalimentario y más concretamente a la comercialización de aceitunas ‘made in Andalucía’, que hoy llegan a 45 países. Entre medias, más años de formación, sacrificio, esfuerzo y un crecimiento empresarial reconocido en los Premios ALAS a la Internacionalización de la Empresa Andaluza en 2006, concedido por la agencia de la Junta de Andalucía para la promoción exterior; la Medalla de Andalucía en 2014; el Premio a la Trayectoria Empresarial de la Federación Andaluza de Mujeres Empresarias en 2019, o ser considerada Empresaria del Año en los Premios Sabadell 2025 por su labor en Hutesa Agroalimentaria; una compañía puesta en marcha en su propia casa en 1988 e implantada en 1992 en sus actuales instalaciones de Fuente de Piedra.
¿Cómo nació su vocación empresarial?
No creo que la vocación nazca. Cuando me trasladé a Málaga después de casarme empecé a trabajar en una empresa que se llamaba Olivas de Málaga y estaban buscando a una persona para el departamento de Exportación, pasando de Villamarín, en Dos Hermanas, a Olivas de Málaga. Empecé a trabajar en abril del 85 y cerró en el 87. Entonces no es una cuestión de vocación: me quedé sin empleo. Me tuve que acoger al pago único del desempleo y pagué el teletipo [que aún conserva y se puede ver a la entrada de la fábrica], como inicio de mi actividad empresarial. Empecé a comprar y a vender por mi cuenta, en casa, criando a mi hijo, que entró directamente con cuatro años al cole: mamá podía darle el pecho, planchar y vender aceitunas.

En 1991 llegué a facturar 500 millones de pesetas. El volumen era suficiente y el BBV [Banco Bilbao Vizcaya, antes de su fusión con Argentaria], que era nuestro banco de cabecera, el que nos ha ayudado siempre, desde los principios cuando no había recursos -toda la garantía que teníamos era el piso que teníamos en calle Ayala-., confió en nosotros y nos ofrecieron poder quedarnos con esta fábrica, que llevaba cerrada desde el año 87.
No había uralita, ni sanitarios… absolutamente nada. No se liquidó a los empleados y al final esto estaba casi destruido. Y nos ofrecieron la posibilidad de que nos quedáramos con ella. Y abrimos las puertas en el año 92, con estructura propia, con industria propia, ya comprando, vendiendo y exportando. Nacimos con vocación exportadora y seguimos con vocación netamente exportadora. Somos el único proyecto del sector agroalimentario, de la aceituna de mesa, iniciado, creado y desarrollado industrialmente por una mujer. Hay algunas mujeres también en el sector, pero que son hijas o nietas de los fundadores.
¿Influyó implantarse en Fuente de Piedra, dada su ubicación geográfica y la incipiente autovía A-92?

Nos hubiéramos quedado con la fábrica igualmente. Una industria de este tipo necesita muchísimos metros. Ahora mismo tenemos aquí 400.000 metros: cuando la compramos tenía 50.000. Ampliamos porque hacen falta espacio para naves, para balsa de decantación de residuos, espacios para bombona, que los tráileres se muevan… Y como esto ya estaba para ese fin… Además bien construido por don Francisco Carrión, que vino a verme con mucho gusto antes de fallecer, cuando sabía que este proyecto estaba liderado por una mujer. Tuvo la deferencia y el cariñoso gesto de venir. Fue muy emotivo.
¿Cómo fueron los primeros años de Hutesa Agroalimentaria?
Fueron dificilísimos. Había que pagar la inversión, con intereses al 18-19%. Había que remodelar el edificio, poner los saneamientos, los techos, arreglar los suelos… comprar un mínimo de maquinaria, montar una pequeña oficina… Y así fue. Comienzos muy muy muy duros, pero prueba superada.
¿Tenía claro que para que la empresa pudiera crecer debía volcarse en esa naturaleza exportadora?
Desde el primer segundo. Era un tema de practicidad y necesidad. Cuando no hay dinero, teníamos que recibir una carta de crédito o un prepago de los clientes internacionales. Y con ese adelanto, empezar a comprar las materias primas y poder pagar a los proveedores, los envases, las latas, los vidrios y todo lo demás. Y para eso no podía hacerlo de otra manera. A nivel nacional era imposible, primero porque ya estaban posicionadas primeras marcas y no ibas a llegar en el año 92 a desplazar marcas conocidísimas. Entonces había que ir a mercados internacionales, aprovechando que te abren cartas de crédito, y era una garantía ante el banco para que te anticipara parte de esa cobertura que te mandaba el cliente. No es mucho misterio: era absoluta necesidad. Si hubiera cerrado, posiblemente estaría trabajando de directora comercial o de jefa internacional: es lo que me encanta.
¿A qué primeros países comenzó a exportar?
A Oriente Medio: Arabia Saudita, Bahrein, Qatar, Yemen, Dubái en Emiratos Árabes…
¿Y en cuántos países operan actualmente?
45. Tenemos un importante crecimiento en África. Estamos en Mozambique, Guinea-Conakri, Angola, Sudáfrica, Nigeria, Senegal, Costa de Marfil…
Acaba de mencionar países que están viviendo en su región un conflicto bélico. ¿Cómo afecta a una empresa como Hutesa la actual situación geopolítica?

Con muchas turbulencias. Hay mucha inseguridad y mucho riesgo. Estamos muchas empresas afectadas por esta situación. En el año 22, en febrero, comenzó la guerra en Ucrania, que también eran otros mercados que se perdieron, y ahora otra.
¿Qué supone para la fábrica?
Todavía no sabemos cómo va a afectar. De momento se ha parado la carga, porque mandar los contenedores sin saber cuándo vamos a embarcar y pagar el costo de ocupaciones en el Puerto de Málaga o Algeciras no tiene ningún sentido. Algunos contenedores ya vienen devueltos de Algeciras, que como no van a salir prefiero que se queden aquí, en el almacén, a esperar nuevos tiempos. Y lo más difícil es lo que está en el agua: o sea, los barcos que van navegando no van a llegar a destino, y en principio los van a descargar en algún puerto de India. Todas estas mercancías no las vamos a cobrar entre tanto no se entreguen. Tenemos un poco de inquietud y no se puede seguir fabricando. Estábamos a dos turnos en una época tan importante en Oriente Medio como es el Ramadán, que es el de mayor consumo del año. Los barcos van llenos de todo tipo de alimentos de todo el resto del mundo. ¿Qué va a pasar? Pues no lo sé, pero tendrán que buscar soluciones de inmediato, porque los supermercados se van a vaciar.
Ante situaciones como un conflicto bélico o la imposición de aranceles como los de Estados Unidos, ¿es necesario poner los ojos en otros mercados para exportar?
Los ojos están puestos: estamos en 45 países. Cuando uno se cae o se viene abajo, o hay un paréntesis hasta que se rehaga, hay otros 40 más. De eso va esto: en diversificar. Tienes que estar en cuantos más países mejor. Que si se viene abajo la venta temporalmente, un 10-12%, tengas otros recursos a dónde ir. Oriente Medio es uno, pero tenemos muchos. Y en Oriente Medio también hay muchos países.
También el continente africano, como apuntaba, es una oportunidad de crecimiento
Sí. Estoy segura de que es el futuro. Y Asia-Pacífico también. Vendemos mucho a Vietnam Indonesia, Japón, Corea… Nueva Zelanda, Australia. Tenemos muchos mercados, y toda Europa, por supuesto.
Es presidenta de la Comisión de Comercio Exterior de la Cámara de Comercio, Industria y Navegación de Málaga, ¿qué le diría a empresarios y emprendedores que aún tienen reticencias a la internacionalización de sus negocios?
Que se acerquen a la Cámara de Comercio de Málaga, donde tenemos un grupo de técnicos y profesionales de primerísimo nivel. Y una carpeta de servicios increíble para las empresas que decidan iniciarse en la exportación. Y no solamente el que se inicia. Les ayudamos, le hacemos un análisis de los mercados donde mejor podrían encajar… formación, acompañamiento en misiones comerciales, misiones inversas… La Cámara de Comercio es cercana, es cálida, está llena de buenos profesionales y buenos técnicos. Es el principal consejo. Y por supuesto, diversificar es la clave del éxito: cuando un mercado se te viene abajo, si tienes 40 más se nota menos.
Con su trayectoria profesional, puede que haya escuchado la frase ‘Mujer hecha a sí misma’. ¿Le gusta o no la comparte?

A mí me gusta más otra. Me gusta que las mujeres seamos las protagonistas de nuestras vidas. A eso he aspirado siempre. A no tener un compañero que pague facturas. Sencillamente un compañero de vida que me acompañe, me anime y me soporte en los momentos malos y en los buenos. Esa es la gran aspiración de todo ser humano, pero en este caso hablamos de mujeres. No tener dependencia nada más que de las emociones del cariño y el afecto, pero no de la economía. Poder decidir hacia dónde vamos por nosotras mismas.
Un mensaje que debe seguir calando en las nuevas generaciones
Yo creo mucho en la juventud y que hay mujeres muy potentes. La falta de medios de hace 40 años era otra historia. Ahora con la confortabilidad pues quizás haya menos necesidad de asumir riesgos, y nos amoldamos a lo cómodo. A lo que hay que aspirar es a decidir dónde, con quién, cómo y cuándo. Y para eso hay que tener musculatura económica, profesional y seguridad.
Y también pueden verla como un ejemplo de compatibilizar la vida profesional y laboral.
Animo a que las mujeres en la industria también seamos referentes. No hay mucha mujer que haya creado una industria, del sector que sea. Suelen ser grandes investigadoras, directoras… pero animo a la mujer a que haga cualquier cosa: ser mujer no es un freno. Tenemos la igualdad y la oportunidad para desarrollarnos.
Como miembro de la ejecutiva de una entidad de ámbito empresarial, ¿echa en falta una mayor representación de mujeres en los órganos directivos?
El mundo asociativo es fundamental. Yo soy una creyente convencida. Hay que ayudar a crecer, a resolver, a evitar problemas, a evitar conflictos…. Y todo esto se hace desde el mundo asociativo. Las asociaciones empresariales son fundamentales, las provinciales y las centrales. Estoy en CEA [Confederación de Empresarios de Andalucía], presido el Consejo de la Empresa Familiar y estoy en el Comité Ejecutivo de la Confederación de Empresarios de Málaga. Creo que no es cuestión de cuántas somos, sino cuántas estamos decididas a tener un nivel de generosidad suficiente como para ponernos al servicio de todos los demás, aportar nuestra experiencia y nuestro tiempo. Tenemos a Natalia Sánchez de vicepresidenta. Nuestra vicepresidenta en la Cámara de Comercio de Málaga es Paloma Moreno. La jefa del departamento del área de Comercio Exterior y Turismo es otra mujer, Esther Martínez… Estamos rodeadas de grandes mujeres que lideran grandes proyectos.
Mirando al futuro, ¿en qué proyectos se trabaja en Hutesa para seguir creciendo?
Tenemos proyectos justamente en Oriente Medio. Hay proyectos de crecimiento importantes en Asia-Pacífico, en Uzbekistán, Kazajistán… Estamos trabajando muchísimo en los países del este, en Italia, pero estos ya son mercados absolutamente maduros. El crecimiento va por África: Senegal, Costa de Marfil, Guinea-Conakri, Kenia, Nigeria… También en India, China, Bangladesh, Pakistán… el mundo es enorme y las oportunidades son muchas.
¿Y a nivel de instalaciones?
Tenemos ahora mismo un proyecto de inversión de 5 millones de euros en los próximos dos años. Estamos terminando de montar un molino porque tenemos cosecha propia. Tenemos que moler aquí, no para envasar aceite, que no es nuestro tema, pero si nuestros propios residuos, el hueso y todo lo demás, para hacer una economía circular.










