Comemos cada día, en parte, gracias al trabajo de miles de personas que dedican horas y horas a cultivar alimentos que llegan a nuestra despensa o criar animales cuya carne acabará en nuestros platos, o su leche en nuestros vasos o transformada en otros productos. La agricultura y la ganadería son parte esencial de nuestra vida y, por supuesto, de la economía que nos rodea, y más en una tierra como Antequera y las localidades de su alrededor, donde la fértil Vega marca el epicentro.

Sin embargo, pese a su valor, no siempre se atiende por parte de ciudadanos y responsables políticos a unos sectores con importantes retos de futuro ante sí. Varios y variados, según la óptica de las pequeñas y medianas explotaciones, las grandes compañías, las asociaciones y entidades agroganaderas o la propia Administración. Eso sí, hay un aspecto donde buena parte del sector tiene puesto el punto de mira: mantener la rentabilidad de cultivos y explotaciones ganaderas.

¿Y cómo se consigue? Un gigante de la alimentación como el Grupo Dcoop, principal productor de aceite del mundo, con sede en Antequera, tiene muy claro dónde hay que incidir: “reducir los costes al máximo para intentar ser más competitivos”. Para ello trabajan en la mejora de la organización de la recolección, el dimensionando de las almazaras y preparando bodegas y procesadoras del ciclo integral, en un contexto de recolección mecanizada en el menor tiempo posible.

Esa misma línea de trabajo sigue el grupo Conde Hinojosa, de Campillos, promotora de la marca de Quesos El Arquillo. Analizan los procesos productivos y buscan la forma de optimizar gastos como el energético; en el uso de materia prima, a través de mejores técnica de elaboración, e incluso con una planificación laboral más eficiente. Y a esto hay que añadir que desde sus inicios apostaron por la diversificación del negocio, con la fabricación de piensos. Su producción anual supera las 100.000 toneladas, de la que parte venden a otros productores y otra sirve para alimentar a los animales que ellos mismos crían. Y es que, además de cabras suministradoras de la leche de sus quesos, también cuentan con ganado porcino, con 5.000 madres. Todas esas cabezas acaban generando excrementos que son aprovechados en una planta de biogás, empleado como combustible para las calderas de sus instalaciones. Todo un ejemplo de economía circular de la que el director gerente del grupo, Juan Francisco Sánchez, se muestra muy orgulloso: “Hemos intentado cerrar el círculo”.

tienda Fruyver | @Clave_Economica
Tienda de Fruyver sita en la cuesta Miraflores de Antequera

A medida en que se reduce el tamaño de la empresa, rebajar los costes se convierte en una tarea mucho más complicada, debido a que los márgenes son menores. En Fruyver, una empresa antequerana que vende el fruto de sus propios cultivos y de más de una veintena de productores malagueños, lo consiguen precisamente apostando por la fruta y verdura de cercanía. Como admite el máximo responsable de la compañía, Juan Jesús Pérez, mantenerse a flote “es complicado”, máxime por la competencia de las grandes superficies comerciales. Sin embargo, también considera que su modelo de negocio sí tiene futuro si se enfoca como lo hacen: “Podemos dar un mejor surtido a un mejor precio. Trabajamos con productos de la zona [de la comarca y otras parte de la provincia] con lo que podemos abaratar los costes”.

Desde la organización agrícola de Asaja Málaga entienden que los principales retos que debe de afrontar el sector varía según el tipo de cultivo. Por ejemplo, en el caso del olivar, la vid o el almendro, sería la comercialización. Respecto a las hortalizas recuerdan que fundamentalmente “necesitan garantías de agua”. Y en cuanto a los cultivos herbáceos ponen el foco en los precios, ya que “por mucho que comercialicen no dependen de ellos mismos”. Eso sí, sea cual sea el tipo de cultivo son conscientes de que no es fácil la supervivencia para las pequeñas explotaciones, por lo que ven en la concentración “la única salida», aunque no es la solución. “Las pequeñas explotaciones se enfrentan a las mismas obligaciones que las exploraciones de mayor tamaño, siendo inasumibles para ellas de forma individual”, recuerdan.

Buscar el equilibro en los precios
Para el vicepresidente de la Diputación de Málaga, Jacobo Florido, hasta hace poco máximo responsable del área de Desarrollo Económico y Productivo del organismo provincial, el principal reto al que se enfrentan especialmente las pequeñas y medianas explotaciones es “que se pague un precio justo por los productos”. La premisa es evidente, pero sí hay un sector dónde las fluctuaciones no paran, hasta el punto de llevarlas a extremos insostenibles, sea para el consumidor o los propios productores, ese es el agroganadero.

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Recogida de la aceituna en una finca de un cooperativista de Dcoop

Desde Dcoop admiten que luchar contra la inestabilidad de precios es difícil, y más con los grandes vaivenes que hay, por ejemplo, en las cosechas del olivar. Pero sí ven claro un rumbo en el que trabajar y ese es el de “organizar la oferta”. “No puede haber cinco comprando frente a miles vendiendo, por eso defendemos la unión para tener mejor oportunidades. Cuanto más uni- dos estemos los productores, más fácil será evitar fluctuaciones”, subrayan desde este grupo del que forman parte 75.000 cooperativistas.

Estos vaivenes del mercado afectan igualmente a empresas más pequeñas como Fruyver, donde al ser también minoristas, siempre intentan moverse en unos precios que sean aceptables por los consumidores, incluso a cambio de reducir sus márgenes de beneficios. Con ello esperan no perder clientes y, por lo tanto, vender lo más posible. Y más cuando tienen entre manos productos perecederos y lo que interesa es que haya en los almacenes “alta rotación”. De todas formas, temen la concentración del sector en pocas manos y creen que es muy importante que haya cuanto más proveedores mejor. “Si la alimentación la controlan tres o cuatro grandes compañías es muy peligroso, sobre todo para el consumidor”, añaden.

En el Foro Caprino Nacional consideran esencial mejorar la relación entre compradores mayoristas y productores, y abogan por una relación más fluida. “Si la leche está alta parece que los cabreros están castigando a la industria. Si la leche baja, la industria castiga a los cabreros”, comenta Juan Manuel Micheo, veterinario y coordinador de este órgano que volverá a reunirse en Antequera durante la nueva edición de Agrogant, para abordar diferentes aspectos de interés para el sector.

Como ejemplo de cómo se debería trabajar, Micheo apunta a los Países Bajos, donde cuando la industria necesita leche para su transformación, la Administración fomenta a los productores con medidas como hacerles contratos a largo plazo. El objetivo es evitar la inestabilidad, ya que, si no hay, entiende, no se puede progresar en el sector: “El ganadero no hace inversiones a largo plazo, no se atreve a comprar maquinaria… hay que trabajar mucho en la estabilidad del mercado”, incide.

Una fórmula en la que trabaja la Diputación para promover precios más justos es buscar a los productores que están bajo su sello Sabor a Málaga mercados donde esos alimentos gocen de un mayor reconocimiento. “Entendemos que el producto de aquí es de una calidad excelente y que es muy valorado en algunos sitios, incluso más fuera de nuestras fronteras que dentro”, comenta Florido, que pone de ejemplo como molletes o aceitunas de Antequera han llegado a países de Oriente Próximo, al igual que aceites de oliva virgen extra elaborados en la comarca.

¿Exportación o potenciar el consumo interno? En este sentido, Florido entiende que el futuro del sector agroalimentario de zonas como el norte de la provincia pasa, en parte, por su internacionalización. Eso sí, sin dejar de hacer una promoción interna. Y es que, como recuerda, siendo España la primera potencia mundial a la hora de producir aceite de oliva, su consumo merma. En torno a un 20% en la última década, según ha podido comprobar el Ministerio de Agricultura. Por ello, también ve conveniente seguir apostando por hacer “campaña de promoción dentro de nuestras fronteras, para que la gente vea las bondades que tienen nuestros productos”.

Desde Sabor a Málaga, esa puesta en valor se hace en ferias agroalimentarias que desarrollan por toda la provincia, y que en el caso de Antequera converge con Agrogant. “Cuando un productor decide venir a nuestras ferias es porque entiende que le damos una plataforma de promoción y de ventas que no le da ningún otro sitio”, señala Florido, para quien más ventas equivale a más empleo, y más empleo, sobre todo en municipios pequeños municipios de donde son parte de los productores de Sabor a Málaga, significa también luchar contra la despoblación.

En Dcoop también consideran que hay que trabajar en ambos frentes. “El consumo interno se ha resentido en los últimos años, por lo que hay que incentivarlo”, reconocen, al igual que el hecho de que “el incremento va a venir más por vía exportación”, máxime cuando el aceite de oliva apenas supone hoy en día el 2-3% de consumo mundial de aceites vegetales comestibles.

Desde la óptica de una empresa mucho más pequeña, como Hortícolas Sierras, también consideran que los esfuerzos hacia una y otra dirección hay que dedicarlos al 50%. Eso sí, son muy conscientes de que hay mucha competencia a la hora de vender sus productos ecológicos por parte de países como Italia o Grecia. Es por ello que esta compañía de Sierra de Yeguas también ha buscado otro factor para el crecimiento de sus ingresos, como es la diversificación de su negocio. Desde el año 2012 suministran a empresas de cátering para comedores de centros educativos. Además, al margen de la producción propia, también se dedican a la distribución de otros alimentos como pastas, legumbres, bebidas… “todo lo necesario para una casa”.

botella Boccatinta Bodega Hermanos Gross
Botella de Boccatinta, uno de los vinos que elabora Bodegas Gross Hermanos

Para Bodegas Gross Hermanos, potenciar tanto la internacionalización como el consumo interno tiene un sentido muy claro para su empresa. Por una parte, en Europa tienen muy buena aceptación y demanda los productos ecológicos, como son sus vinos elaborados en Antequera bajo la Denominación de Origen Sierras de Málaga. Y también, en España, cada vez se están empezando a demandar más este tipo de productos, “tendencia que esperamos se vaya incrementando hasta alcanzar los niveles de otros países”.

Calidad e innovación como valor añadido
Desde que se pusiera en marcha esta bodega hace más de una década, reto- mando un negocio familiar centenario, en tierras de la Sierra de las Chimeneas, siempre tuvieron muy claro su apuesta por la elaboración de caldos de alta calidad y de producción ecológica. “Nuestra bodega ha asumido el reto, cada vez más demandado, de apostar por la agricultura ecológica y la elaboración ecológica de nuestros vinos. Creo que ello supone un doble beneficio tanto para el medio ambiente como para nuestra salud y se irá imponiendo y demandando cada vez más a medio y largo plazo”, señalan desde la compañía, donde son muy conscientes que esta apuesta por la calidad les supone, dado su tamaño, un importante reto, al igual que lo es competir con grandes bodegas que utilizan medios publicitarios más potentes y grandes canales de distribución.

Aunar calidad e innovación es lo que pretenden en Novedades Hortícolas, afincada en plena Vega de Antequera. Junto a hinojos o lechugas francesas, más habituales en cualquier mercado, también apuestan por el cultivo de lechugas de hoja de roble, lollo rosso o lollo bionda, radicchio… o incluso productos más exóticos aún como el colinabo rojo y blanco, un híbrido procedente del norte de Europa. Y es que, uno de los objetivos de esta compañía, que pilota Bernardino Jimenéz, es abrir nuevos mercados, buscando también la posibilidad de traer hasta esta zona del norte de Málaga nuevos productos que puedan adaptarse a su climatología.

El cultivo de estos productos está centrado básicamente en abastecer a la hostelería: en torno un 80% de la producción. El resto tiene como destino establecimientos donde el consumidor busca nuevos sabores y alimentos donde prima fundamentalmente la calidad, aunque el precio sea mayor. En este sentido, Jiménez considera que “está muy difícil” entrar con nuevos productos en el mercado nacional y lo ideal, a su juicio, es intentar la exportación, a través de productos que puedan tener un hueco, por ejemplo, en los mercados europeos.

En Asaja consideran que los denominados productos ‘gourmets’ es una parte del mercado que no se puede olvidar, pero dado el volumen de producción de muchos de los cultivos en la comarca, no pueden absorber esos mercados la totalidad de la producción.

En este sentido, desde Dcoop recuerdan que siempre ayuda todo lo que sea valorizar el producto, pero que hay que saber adaptarse a los gustos de los clientes y pensar en productos de gran consumo para darle salida a las producciones. “Al final, el consumidor elige y quiere un producto a un precio que esté dispuesto a pagar y queremos luchar porque sea rentable para toda la cadena de producción. No es incompatible el incremento del consumo con la irrenunciable lucha por una mayor calidad”, como señalan.

Relevo generacional
Otro de los grandes retos de la agricultura y la ganadería es el denominado relevo generacional. En este último gran grupo agroalimentario son realistas y entienden que si se siguen renovando y plantando olivares es porque en la actualidad es un cultivo rentable, “por lo que puede haber esperanza de continuidad si afrontamos este reto con realismo”. Sin embargo el panorama es muy diferente en otros ámbitos. Según Juan Manuel Micheo, hay una falta “importantísima” de recursos humanos en el campo, tanto para el relevo de la gente que se jubila y no tiene a quien dejar las explotaciones, como de mano de obra. En este sentido, aboga por crear un modelo productivo que no sea tan “esclavo”. “Si el cabrero no tiene descanso, trabaja de sol a sol, lógicamente esto desaparecerá porque la gente joven quiere otra calidad de trabajo ”, alerta.

Considera que hay que trabajar hacia jornadas laborales de ocho horas y rotaciones para hacer descansos los fines de semana… “Y para eso las granjas tienen que tener una dimensión suficiente para permitirlo”. También reclama medidas para proporcionar mano de obra cualificada, como por ejemplo hacer una FP de grado medio y cursos de formación para técnicos. Como recuerda el coordinador del Foro Nacional Caprino, en Campanillas hay un centro de Investigación y Formación Agraria y Pesquera de Andalucía (IFAPA) que antes era muy activo “y que ahora está desmantelado”. “La Administración tiene algo que hacer. Este es otro de los grandes retos”, insiste.

ganado caprino Agrogant | @Clave_Economica
Ganado caprino en Agrogant

Micheo también reclama otras medidas para incentivar el relevo generacional como reducir la burocracia a todos los niveles. “Montar una granja es una barbaridad a nivel legal. Increíble lo que tarda un permiso para montar una quesería. Hay que hacer otro esfuerzo”, asegura.

Desde Asaja también consideran clave que la Administración elimine barreras burocráticas y ponga en marcha líneas de apoyo ágiles para facilitar el acceso. Y es que, entre las dificultades de los jóvenes para instalarse en el sector también están las vías de financiación, que se suman al acceso a la tierra y al “sempiterno” problema del agua. “Nosotros estamos implementado servicios que faciliten su incorporación y se centren en su explotación sin que le reste atención toda la burocracia que conlleva. Además, les asesoramos en todo momento para no avocarlos a una empresa inviable”, recuerdan.

Objetivo: la sostenibilidad
“El reto del futuro es la sostenibilidad”. Así lo cree Juan Manuel Micheo, para quien hay que fomentar una ganadería que sea menos intensiva con el medio ambiente, apostando por modelos como la cría de la raza autóctona malagueña, “que convive con el medio ambiente, los paisajes, que protege de incendios y que puede producir productos más viables”. En opinión de este veterinario, la mala imagen con la que ha acabado la ganadería, y en parte el consumo de carne en Europa, se ha debido a esa industria intensiva. Por ello considera que el trabajo está en ser capaces de demostrar a la gente que lo que hay es un problema de insostenibilidad.

Y más con una ciudadanía cada vez más urbanita. Según Micheo, desconoce la realidad del campo y que hay sistemas ganaderos muy sostenibles, muy en consonancia con el medio ambiente, que defienden una genética autóctona, producir alimentos más ecológicos y de más calidad. Un ejemplo que pone es la leche de pastoreo, que tiene una mayor composición de ácidos grasos que la leche de ganado intensivo.